<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9172401782640070054</id><updated>2011-08-01T19:36:42.881+02:00</updated><title type='text'>Conocimiento, Determinación y Acción</title><subtitle type='html'>"El conocimiento es el primer peldaño; la resolución, el segundo; y la acción, que es su consumación, el tercero"</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://conodeaccion.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://conodeaccion.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>FAR</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_u350PZWJDyw/SieolfZRm-I/AAAAAAAAACY/5QEetpvh8Js/S220/Foto_FAR6.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9172401782640070054.post-3540685359280132720</id><published>2009-06-05T09:48:00.004+02:00</published><updated>2009-06-07T01:42:18.425+02:00</updated><title type='text'>El mayor espectáculo del mundo</title><content type='html'>Aquellos más cinéfilos recordarán la célebre película de Cecil B. DeMille El Mayor espectáculo del mundo, que se llevó 2 Óscar de manera inmerecida —como sostienen algunos expertos— puesto que competía con dos películas mejores: El hombre tranquilo, de John Ford y Solo ante el peligro de Fred Zinnemann. Además ese mismo año se había estrenado Viva Zapata, de Elia Kazan. ¡Vaya elenco de genios! Los que hayan visto el largometraje de DeMill saben que toda la acción transcurre en torno a un circo (el mayor espectáculo del mundo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, uno de los mayores espectáculos del mundo lo conforman las campañas electorales. Toda campaña tiene sus directores de pista, sus malabaristas, trapecistas, equilibristas, hombres bala, algún contorsionista, domadores...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos a las puertas de unas elecciones, esta vez europeas. Se han pegado carteles en todas partes, se ha instalado la gran carpa, se han vendido las entradas y los artistas ya han saltado a las pistas. El espectáculo está garantizado. ¡Pasen y vean señores!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cuidado! El que haya evocado imágenes circenses para describir las próximas elecciones no debe desmerecer el asunto que quiero exponer. El circo ha estado siempre ligado a los grandes espectáculos artísticos y forma parte de nuestra milenaria historia. Detrás de unas campañas electorales hay una potente maquinaria, grandes estrategas y mucho dinero. Es un asunto bien serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las elecciones votamos a los que nos van a representar, quienes constituirán los órganos legislativos que, a su vez, alumbrarán, de un modo u otro, la cúpula de los otros poderes sobre los que se asienta la organización del pueblo. En este caso de naturaleza supranacional como es la Unión Europea. Hasta aquí bien. ¿Pero qué pasa con los valores que dieron vida a esta forma de organización? ¿Qué pasa con los valores democráticos? ¿No deberían estar nuestras elecciones en sintonía con los valores que le dieron vida? ¿O es que las campañas electorales son entidades con vida propia, independientes de las nobles virtudes democráticas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi sensación es que las elecciones democráticas, bajo la fórmula de las campañas y la guerra de partidos, se han apartado gravemente de sus orígenes y han perdido su sacralidad, por la que dieron su vida centenares de miles de personas idealistas para que su gobierno fuera del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que vemos hoy día es a unos partidos políticos, que lejos de respetar el carácter sagrado de las elecciones (entendido sagrado por ese acto esencial y sine qua non de la democracia) se lanzan a una lucha encarnizada y sin tregua en la que vale casi todo con el fin de alzarse con la victoria. Lo más desesperante es que justo al día siguiente de las elecciones comienzan a maquinar para ver cómo podrán ganar las próximas elecciones. Y lo peor es que este modelo, aunque desaprobado por muchos, se acepta con resignación: “así son la campañas electorales” o “así es la política”, se comenta. Y va implícito que así es la democracia. Se acepta que este modelo agresivo en el que el fin justifica los medios es inherente a la democracia. ¡Hemos banalizado las elecciones! Las hemos convertido en un espectáculo circense. Un espectáculo, principalmente mediático, que pretende demostrar la habilidad del artista (el político en liza) para desbancar a su adversario a cualquier precio y de cualquier modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos recorren la delgada cuerda de punta a punta, como lo hacen los mejores equilibristas, produciendo vértigo en el espectador para soslayar las cuestiones que realmente preocupan a los ciudadanos. Otros, en un ejercicio de contorsionismo virtuoso, demuestran lo hábiles que son para envolverse sobre sí mismos y salir airosos de cualquier debate como lo hacían los sofistas, y están los que prefieren la sátira ramplona, las puyas, los exabruptos y las bromas de mal gusto para arrancar la carcajada o el aplauso enfervorizado de los espectadores, con el fin de menospreciar a su adversario político y así demostrar su supuesta supremacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caída del comunismo y el fin de la Guerra Fría han dado lugar a la idea de que la democracia liberal occidental, sujeta a la lucha de partidos, es el sistema más perfecto de organización política. El corolario de esta idea es que la democracia liberal ha superado su prueba de fuego y es inquebrantable.&lt;br /&gt;Este supuesto nos ha llevado a una relajación. A una autocomplacencia. Damos la democracia por garantizada, mientras se deterioran sus valores esenciales. La mayoría del pueblo se siente cada vez menos representada por sus políticos y muy poco identificada con las formas, las actitudes y el lenguaje con las que se actúa desde la férrea disciplina partidista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como consecuencia se ha ido erosionando el espacio político como lugar de debate y resolución de los problemas de la sociedad. Los debates se han polarizado hasta tal punto que la diversidad de enfoques y planteamientos prácticamente han desparecido. Así pues, el liderazgo, que consiste en identificar las necesidades y la búsqueda de medios para atender dichas exigencias, ha dado lugar a un entramado que busca principalmente el poder en las urnas a través de las tácticas electorales. La crisis de liderazgo que venimos acusando es fruto de este modo de hacer política. Las ideas y el espíritu de excelencia se han relegado a un segundo plano para dar prioridad a las estrategias que buscan obtener resultados más allá de otras consideraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta falta de liderazgo y bloqueo del debate político ha producido una progresiva desconexión de la política de los cambios que se han ido produciendo en el mundo debido a la globalización. Los asuntos internos de cada país dependen cada vez en mayor grado de factores que están fuera del alcance de la acción de un estado o grupos de estados, y requieren actuaciones y consensos mundiales. Pero nuestros debates siguen marcados por una visión extremadamente localista. Se sigue discutiendo sobre los problemas domésticos desde un punto de vista extremadamente localista, cuando lo que se precisa es encontrar soluciones a esos mismos problemas desde una perspectiva global. La falta de esa visión más amplia y profunda hace que pretendamos encarar los retos de hoy con enfoques de siglos pasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ir muy lejos, los debates que se han llevado a cabo en nuestro país durante esta campaña de las europeas han estado presididos por asuntos principalmente domésticos que poco tienen que ver con los problemas de Europa. Los partidos se han atacado, buscando así una ventaja, aunque fuera pequeña, para derrotar al que denominan “el adversario político”. Y si ha habido alusión a asuntos que son preocupación de los ciudadanos (la crisis económica, el paro, la corrupción, etc.), en la mayoría de ocasiones los han utilizado como puntos de apoyo para su particular palanca electoral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las elecciones, símbolo de la democracia, se han convertido en un espectáculo sin profundidad. Algo epidérmico, cosmético. Cada vez hay más voces, aunque no lo suficientemente numerosas ni enérgicas, que ponen en entredicho la utilidad de la lucha partidista para solucionar los grandes problemas. Las elecciones no son un espectáculo circense que sirven para divertir durante un rato a los espectadores. Estamos hablando de un elemento esencial de la democracia y, por tanto, de un acto que debe estar marcado por los elevados principios morales que dieron origen y continuidad al mejor sistema de gobierno que el hombre haya conocido hasta la fecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos mimar la democracia, poner en valor sus fundamentos y, sobre todo, adaptarla a los tiempos que corren; tiempos de modernidad y transformaciones radicales en las estructuras civiles, políticas, sociales, económicas y culturales que vienen de la mano del inexorable fenómeno de la globalización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No nos engañemos. Lo que pasa en la política es un fiel reflejo del estado de la sociedad. Los políticos no son un estamento aislado ni estanco. Surgen del seno de la misma sociedad en la que hemos crecido y vivimos ustedes y yo, imbuidos de esa cultura que entiende la política como confrontación y lucha, como pugna y combate por el poder. Lo servidores públicos se deben en primer lugar a los que sirven. La democracia es anteponer el bien común a los intereses partidistas. Estos principios, entre otros, son los que deberíamos enseñar en los colegios, en las familias y en la comunidad. Enseñemos a nuestros niños el valor de la cooperación y la reciprocidad, el poder de la unidad de acción como motor de las grandes civilizaciones, y que individualismo y el egoísmo no ayudan a construir sociedades felices y equilibradas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las palabras no bastan. Necesitamos dotarlas de vida activa con la fuerza del ejemplo. Necesitamos referencias, modelos morales que nos sirvan de guía. Hay ejemplos en la historia. Recurramos a ellos. Quizás así podamos, poco a poco, cambiar el aire circense de las campañas electorales y hacer más digna la política.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Farshad Arjomandi&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9172401782640070054-3540685359280132720?l=conodeaccion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://conodeaccion.blogspot.com/feeds/3540685359280132720/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9172401782640070054&amp;postID=3540685359280132720' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/3540685359280132720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/3540685359280132720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://conodeaccion.blogspot.com/2009/06/el-mayor-espectaculo-del-mundo.html' title='El mayor espectáculo del mundo'/><author><name>FAR</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_u350PZWJDyw/SieolfZRm-I/AAAAAAAAACY/5QEetpvh8Js/S220/Foto_FAR6.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9172401782640070054.post-8096988830125070355</id><published>2009-05-21T00:30:00.002+02:00</published><updated>2009-06-04T16:03:31.978+02:00</updated><title type='text'>Poderoso caballero es Don Dinero</title><content type='html'>Cuando Francisco de Quevedo escribió a principios del siglo XVII su letrilla “Don Dinero”, quizás lo hiciera sin saber que su sátira sería superada por la realidad tres siglos más tarde. Así comenzaba su poema el genial escritor madrileño del Siglo de Oro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madre, yo al oro me humillo,&lt;br /&gt;él es mi amante y mi amado,&lt;br /&gt;pues de puro enamorado &lt;br /&gt;de continuo anda amarillo;&lt;br /&gt;que pues, doblón o sencillo,&lt;br /&gt;hace todo cuanto quiero,&lt;br /&gt;poderoso caballero&lt;br /&gt;es don Dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El próximo 4 de junio se cumplirá el 20º aniversario de la masacre de la plaza de Tiananmen. Para los más jóvenes que no conocieron de cerca aquellos espeluznantes acontecimientos, recordaré que entre abril y junio del año 1989 un movimiento de protesta, encabezado por estudiantes, en el que participaron otros sectores de la sociedad china, se manifestó para denunciar la cruel represión de su gobierno, así como la corrupción reinante en el Partido Comunista. La respuesta a ese movimiento por parte de las autoridades fue tremendamente dura y expeditiva. El 20 de mayo el gobierno decretó una ley marcial y el 3 de junio mandó al ejercito a que disolviera las protestas que se habían concentrado en la plaza de Tiananmen. El ejército no se recató y abrió fuego a la población civil. No se sabe muy bien cuántas personas perdieron la vida en esos luctuosos sucesos; pero se calcula que varios centenares, tal vez miles, murieron a manos de su propio ejército.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El símbolo de aquel acontecimiento fue la imagen de un hombre que con dos bolsas en cada una de sus manos se puso delante de una columna de tanques para impedir su avance. Tras varias maniobras del primer tanque, frente a frente, para esquivarle, el hombre siguió moviéndose delante del blindado hasta que logró que se parara. Entonces se subió al tanque y, al parecer, le dijo al conductor: “date la vuelta y no mates a mi gente”. Las imágenes del joven anónimo chino —a día de hoy sigue sin conocerse su verdadera identidad— recorrieron el mundo y simbolizaron el movimiento democrático de China. Al día siguiente todos pudimos ver esas escenas a través de nuestros televisores. En aquel entonces yo era un joven universitario y debo confesar que aquella filmación me puso los pelos de punta. Para mi aquello representaba el coraje de un solo hombre frente a la brutalidad de la tiranía. Todo un símbolo de la virulencia de un orden caduco frente a la fuerza de una nueva vida que se debatía por encontrar un espacio en el seno de su inhóspito hogar. Nueve años más tarde, la revista Time incluyó al llamado “hombre del tanque” entre su lista de las 100 personas más influyentes del siglo XX. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy China es una de las naciones más pujantes del planeta. Sigue gobernada por la mano de hierro del partido único y es temida, ya no sólo porque es una potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, sino porque posee un arma aún mucho más potente: una economía que ha venido creciendo anualmente desde hace 15 años —a excepción de estos últimos tiempos de crisis económica— en torno al 10%. ¡Poderoso caballero es Don Dinero!&lt;br /&gt;La historia ha demostrado con demasiada tozudez que cuando las injusticias se pasan por alto por mor de intereses materiales, o por falta de coraje, las heridas no quedan restañadas y la prueba moral surge nuevamente. No se puede construir el futuro sin vérselas con la historia. Y no es que China sea la única nación que deba resarcir las injusticias que ha cometido contra su propia población y de otros países. Las naciones europeas, por citar un ejemplo cercano, tienen muchas deudas históricas todavía sin saldar. Sin embargo, hoy día disponemos de un sistema internacional que debería velar por los derechos humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lista de violaciones de los derechos humanos cometidas por China es amplia; su connivencia con otros gobiernos que siembran el terror entre su gente también es conocida; así como su absoluta indiferencia por los problemas medioambientales. Pasar por alto los excesos de un gobierno por su poderío económico y los interese creados en su derredor es una práctica inaceptable. En este sentido, China no es un caso aislado, existen otros ejemplos más o menos similares, y casos que muestran el reverso de este mismo rasero, véase por ejemplo el caso cubano. Cuba no es una potencia económica ni industrial, y como tal es vapuleado por los poderosos que justifican su marginación resaltando su déficit democrático y su falta de respeto a los derechos humanos. ¿Quiero con esto defender al régimen castrista? No. Nada más lejos de mi intención. Quiero poner de manifiesto el doble rasero con el que se actúa frente a los dictadores ricos y poderosos, por un lado, y los déspotas pobres y débiles, por otro. Se trata de un ejercicio de aporofobia (rechazo al pobre) institucional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi perplejidad ante esta situación se ve potenciada cuando observo que algunos amigos bienintencionados me dicen que China está contribuyendo a cambiar el mundo. Si cambiar el mundo significa que hemos sumado al mercado de consumo mundial a unos cuantos cientos de millones de personas, y que gracias al crecimiento económico de China se ha logrado reducir ostensiblemente los costes de producción y con ello se ha creado un contrapeso competitivo a occidente, pues sí podríamos afirmar que Pekín está cambiando el panorama geopolítico. Pero este análisis es parcial, ya que tiene en cuenta tan sólo algunos factores económicos. Por ejemplo, este análisis no tiene en cuenta los costes medioambientales del modelo de crecimiento salvaje de China. El tiempo dirá cuáles han sido tales costes. Pero sabemos, por ejemplo, que a día de hoy los efectos devastadores que está teniendo la lluvia ácida proveniente de China sobre los bosques de Japón constituye el conflicto diplomático más importante entre China y el país nipón. Pero quiero ir más allá. Lo que la anterior perspectiva no tiene en cuenta es que al seguir viendo a China como un ejemplo de nación pujante estamos dando por válido que un país si crece económicamente debe ser respetado y su modelo aplaudido, pese a las barbaridades que cometa en otros ámbitos de la gobernación. Ciertamente, veo grandes peligros subyacentes a este modo economicista de entender la política.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo avanza inexorablemente hacia una globalización. Quienes tienen —desde mi punto de vista— una percepción más aguda han vaticinado el surgimiento de una civilización planetaria. El nacimiento de esta nueva realidad exige al mismo tiempo cambios radicales en los planteamientos morales. Hay principios rectores que están por encima de cualquier consideración utilitarista. Uno de estos principios es la justicia. La justicia es una aspiración del alma humana que no puede ser canjeada por satisfactores materiales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arnold Tonynbee señaló que cuando una civilización es incapaz de responder a los nuevos retos que se le plantean empieza a declinar y acaba colapsándose. No tengo nada en contra de China; se lo aseguro. China es una gran nación, de cuya cultura milenaria podemos esperar muy gratas sorpresas. Sin embargo, creo que constituye un caso que bien puede ilustrar las fallas de un sistema internacional que pregona una cosa y practica otra. Algunos acuden a los brazos de la diplomacia para explicar estas incoherencias, otros prefieren refugiarse en la Real Politik. Desde mi punto de vista en muchas ocasiones se acude a estos conceptos como simples eufemismos para soslayar la cuestión principal: la falta de un liderazgo político que esté a la altura de las exigencias de una inédita era de los asuntos humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Farshad Arjomandi&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9172401782640070054-8096988830125070355?l=conodeaccion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://conodeaccion.blogspot.com/feeds/8096988830125070355/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9172401782640070054&amp;postID=8096988830125070355' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/8096988830125070355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/8096988830125070355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://conodeaccion.blogspot.com/2009/05/poderoso-caballero-es-don-dinero.html' title='Poderoso caballero es Don Dinero'/><author><name>FAR</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_u350PZWJDyw/SieolfZRm-I/AAAAAAAAACY/5QEetpvh8Js/S220/Foto_FAR6.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9172401782640070054.post-515430750483376045</id><published>2008-06-05T22:32:00.004+02:00</published><updated>2008-06-05T22:58:44.937+02:00</updated><title type='text'>Dos respuestas diferentes ante la violencia</title><content type='html'>Hace algo más de un año (marzo de 2007) cayó en mis manos un reportaje de &lt;em&gt;The New York Times&lt;/em&gt; bajo el título de A &lt;em&gt;Generation Lost: The Second Intifada; Years of Strife and Lost Hope Scar Young Palestinian Lives&lt;/em&gt; (Una generación perdida: La segunda intifada; años de luchas y de pérdida de esperanza marcan la vida de jóvenes palestinos). El artículo me llamó mucho la atención. Especialmente porque por aquel entonces me encontraba colaborando en una campaña de denuncia de la violación de los derechos humanos de los jóvenes bahá’ís de Irán, a quienes se les niega sistemáticamente el acceso a la educación superior de su país. Esta denegación se producía —a día de hoy prosigue— como parte de las operaciones de persecución del Gobierno iraní hacia la minoría religiosa más numerosa del país: los bahá’ís (para más información: &lt;a href="http://www.comunidadbahai.org/oip/index.htm"&gt;http://www.comunidadbahai.org/oip/index.htm&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos se preguntarán qué tendrá que ver una cosa con la otra. Aparentemente nada. Pero el cruce de estas dos historias se produjo en mi mente al comparar la reacción de unos jóvenes con la de otros totalmente diferentes frente a la violencia y el sufrimiento. No pretendo establecer paralelismo alguno entre la Intifada y la Fe Bahá’í, pues nada tienen en común; sería como comparar la propiedades del fuego y del agua. ¡Imposible encontrar puntos comunes! Tampoco es mi intención hacer valoraciones del conflicto palestino, ni de otras cuestiones que emergen enseguida cuando se habla de esa región de Oriente Medio. Se trata simplemente de una reflexión sobre la condición humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La violencia está presente por doquier. La podemos ver a diario en sus manifestaciones más crudas (basta con ver un telediario o leer la prensa). También la podemos observar en muchas facetas de nuestras vidas en formas menos virulentas; pero más sutiles. Nuestro propio lenguaje está lleno de expresiones que se enraízan en una cultura de agresividad. Por citar un ejemplo ilustrativo, cuando queremos decir que hemos convencido a alguien que haga algo que no quería hacer, decimos que “dio su brazo a torcer”. Pocos se alterarían al oír esta expresión. Es normal, pues es parte de nuestro acervo. Pero si nos distanciáramos un poco de la cotidianeidad de esta expresión, veríamos cómo la imagen que evoca representa un acto violento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existen muchos otros ejemplos; ya no sólo del lenguaje. Las organizaciones políticas, sociales y económicas se estructuran sobre la base de la competitividad y confrontación agresiva. Aunque la violencia se reconozca como algo negativo y dañino, paradójicamente es tolerada. Es parte de la cultura en la que nacemos, nos educamos, trabajamos, nos relacionamos, ... Sin embargo, este fenómeno tiene que ver con algo más profundo: la presunción de que el ser humano es agresivo por naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El citado artículo del diario neoyorquino comenzaba así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sus padres los llaman la generación perdida de Palestina: la más radical, la que más acepta la violencia y la más desesperada.&lt;br /&gt;Son los hijos de la segunda intifada, que comenzó en 2000, que crecen en un territorio desgarrado por la lucha interna, marcado por la violencia, ocupado por Israel, aislado en gran parte del mundo y dividido por barreras y puntos de inspección. Escuchar hablar a estos jóvenes es oír sobre un incipiente nihilismo y la pérdida de esperanza".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera reacción de uno bien podría ser de comprensión. En el marco de esa visión que acepta la agresividad como algo inherente a la naturaleza humana, podría entenderse que estos jóvenes hayan quedado atrapados en una dinámica de violencia que se retroalimenta continuamente. Les atacan, y ellos responden con la misma moneda. Como reza el conocido aforismo “la mejor defensa es el ataque”. Sin embargo, hay otros paradigmas de acción posibles. Quiero presentar aquí otro modelo alternativo, valiéndome del caso de los jóvenes bahá’ís de Irán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia de estos chicos y chicas en edad universitaria no parece tan sangrante en comparación con otros casos aparentemente más desgarradores. Son bahá’ís: seguidores de una religión mundial e independiente (no es una escisión ni una confesión de otra religión) que nació en 1844 en Irán. Desde sus mismos albores, los bahá’ís han estado sometidos a crueles persecuciones y pogromos en el país donde nació su movimiento. Con el estallido de la Revolución Islámica la situación de éstos cerca de 300.000 ciudadanos iraníes ha empeorado ostensiblemente. Toda una serie de resoluciones de Naciones Unidas que datan desde 1980 hasta hoy avalan su inocencia. En España, la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, en su sesión del día 21 de junio de 2006, aprobó por unanimidad una Proposición no de Ley sobre la persecución que viene sufriendo la Comunidad Bahá'í iraní.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como parte de la cruzada que el gobierno iraní ha emprendido contra los bahá’ís, se ha denegado el acceso a la educación superior a estos jóvenes (para más información: &lt;a href="https://dshop.diino.net/getafile/SPWV8M8AB48Z3ALRUCEH48IL0SCDCXS/Cerrado_el_paso.pdf"&gt;https://dshop.diino.net/getafile/SPWV8M8AB48Z3ALRUCEH48IL0SCDCXS/Cerrado_el_paso.pdf&lt;/a&gt;). Se trata de una discriminación religiosa, sin más. Las autoridades iraníes han dejado claro que permitirían a los bahá’ís proseguir sus estudios superiores si éstos renunciaran a su fe y se declararan musulmanes. Pero ellos no quieren renegar de sus creencias, aunque fuera por conveniencia. Se trata de una cuestión de conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta denegación se viene produciendo desde hace más de dos décadas. Varias generaciones de jóvenes bahá’ís han visto cómo se malbarataba su futuro. No es necesario que glose el estado en que se sume un joven de 18 años cuando descubre que su futuro es truncado injustamente por la mano de su propio gobierno, o cómo un hecho así puede derrumbar a una persona que aún tiene toda una vida por delante. El grado de sufrimiento de estos chicos y chicas no parece tan clamoroso como el de sus coetáneos palestinos; pero es tan real y desmoralizador como el de éstos. Representa un duro golpe dentro de la larga lista de discriminaciones y hostigamientos a que se les somete a diario por sus creencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, estos jóvenes han decidido encarar este sufrimiento de un modo diferente al que estamos acostumbrados. En lugar de alzarse, o de capitular ante lo que podrían asumir como su destino, han decidido actuar. Se han dedicado al mejoramiento de su entorno a través de proyectos de transformación personal y comunitaria. Desde la convicción de sus principios morales, han renunciado a entrar en la dinámica de la violencia que, como se ha demostrado en tantas ocasiones, a la postre conduce a más violencia y, por tanto, a más sufrimiento y desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda injusticia debe ser combatida por el imperio de la ley. Los bahá’ís no quieren representar el papel de víctimas en la tragedia que les está tocando vivir. Defienden sus derechos a través de todos los medios que la legalidad vigente pone a su alcance. Además, sus correligionarios en otros países trabajan con denuedo para que los gobiernos nacionales e instituciones internacionales pidan a las autoridades iraníes que pongan fin a la violación sistemática de los derechos humanos de estas personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que no haya confusiones. Lo que aquí presento es un ejemplo alternativo de comportamiento frente a la agresión, no un alegato en favor de la resignación a la opresión. Los bahá’ís han decidido elegir un modelo de no violencia para encarar sus sufrimientos y demostrar a los que se han declarado sus enemigos que no son merecedores de esas crueldades. Pero al mismo tiempo piden justicia y demandan el resarcimiento de todos y cada uno de sus conculcados derechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta extraño encontrar ejemplos de esta clase en un mundo en que la violencia es ya algo usual. Historias como la de los jóvenes bahá’ís de Irán nos dan esperanzas. Y lo que es más importante, ponen en entredicho supuestos tan profundamente arraigados como que el ser humano es agresivo por naturaleza y que, por tanto, la violencia es la respuesta natural a la agresión. Si empezáramos a desconfiar de esta presunción, aflorarían más ejemplos como el que acabo de relatarles. Cuesta, es difícil, requiere coraje; pero es posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Farshad Arjomandi&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9172401782640070054-515430750483376045?l=conodeaccion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://conodeaccion.blogspot.com/feeds/515430750483376045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9172401782640070054&amp;postID=515430750483376045' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/515430750483376045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/515430750483376045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://conodeaccion.blogspot.com/2008/06/dos-respuestas-diferentes-ante-la.html' title='Dos respuestas diferentes ante la violencia'/><author><name>FAR</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_u350PZWJDyw/SieolfZRm-I/AAAAAAAAACY/5QEetpvh8Js/S220/Foto_FAR6.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9172401782640070054.post-5796725763692697913</id><published>2008-05-29T23:25:00.002+02:00</published><updated>2008-05-29T23:28:30.443+02:00</updated><title type='text'>¿Qué está pasando en Birmania?</title><content type='html'>El 4 de mayo de este año un poderoso ciclón golpeó duramente la costa sur de Birmania (Myanmar). Algunas cifras facilitadas hablan de más de 100.00 víctimas y dos millones de desplazados. Ante semejante desastre, las autoridades gubernamentales del país asiático obstaculizaron la recepción de ayuda humanitaria enviada por varios países, no permitieron la entrada a su territorio de especialistas enviados para coordinar dicha ayuda humanitaria, decomisaron parte de la ayuda asistencial recibida y días más tarde la repartieron entre la población en cajas que llevaban el sello gubernamental, y otros dislates de los nos han ido dado cuenta los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preguntarse por el drama de Birmania a causa del ciclón Nargis es preguntarse por muchos otros desastres humanitarios que han tenido lugar en los últimos años. Los casos de Ruanda, Burundi, Somalia, Sudán, Kosovo y otra larga y vergonzosa lista de injusticias aún no saldadas, vienen a ampliarse con los recientes sucesos de Birmania. Es otra historia, diferente de las anteriores; pero con los mismos elementos: un grupo de violentos por la fuerza de las armas y con total impunidad somete, humilla, deshonra, veja, tortura, mata o deja morir sin mayores miramientos a personas inocentes de su misma estirpe. Y todo ello ante la impávida mirada de la Comunidad Internacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos pensarán que esta última afirmación es un tanto exagerada, puesto que hay mucha gente que se conmueve ante semejantes fratricidios. Sin embargo, no me estoy refiriendo a esas personas que se retuercen moralmente de dolor y al mismo tiempo se sienten impotentes ante tamañas infamias, ni a aquellas —una clara minoría— que deciden dejarlo todo y descender a la arena del servicio desinteresado para mitigar el dolor de sus congéneres. Al decir Comunidad Internacional estoy aludiendo a los gobiernos nacionales que en el concierto mundial se han comprometido a promover, guardar y a hacer guardar la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de las siguientes líneas pretendo exponer algunas ideas que propicien una reflexión sobre casos como el de Birmania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi punto de vista, lo primero es constatar que como consecuencia de la Revolución Industrial el mundo ha sufrido transformaciones de hondo calado. Sin embargo, la gestión de los asuntos humanos sigue rigiéndose en líneas generales por supuestos claramente desbordados por la mundialización. Mi premisa de partida es por tanto que el orden prevaleciente resulta claramente defectuoso y que sus enfoques y modelos son incapaces de dar respuestas adecuadas a los problemas y retos actuales de la humanidad. Esta afirmación tiene consecuencias. Reconocer que esto es así obliga a revisar muchos de los planteamientos en el plano de las ideas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de esos planteamientos afecta claramente a la organización política y sus ramificaciones en otros ámbitos de la vida. El marco jurídico que establecía el Tratado de Paz de Westfalia (1648) ha configurado, grosso modo, el Derecho Internacional. Los principios de soberanía territorial y de no injerencia en asuntos internos de un país son hijos predilectos de ese Tratado. Esos principios fueron revisados posteriormente en el marco del nuevo Derecho Internacional que se alumbró después de la Segunda Guerra Mundial, y más concretamente con el nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, los supuestos westfalianos siguen siendo nuestro principal marco de referencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nadie se le escapa que querer gobernar un mundo globalizado en el siglo XXI con principios del siglo XVII es antinatura. Ahora bien, el foco del problema no debe situarse tanto en la asunción de que hay que cambiar los principios de funcionamiento, pues va de suyo, sino en la voluntad política de quererlos cambiar. La parálisis de voluntad al que nos enfrentamos es el mayor de los males de una humanidad que ya vive en una aldea global; pero que se resiste a aceptar el principio que lleva aneja esa nueva realidad: la unidad del género humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El principio de la “Seguridad Colectiva” es uno de aquellos postulados que da sentido a la existencia misma de las Naciones Unidas. No es algo que debamos inventar; sí mejorar y reforzar. Pero el quid del asunto consiste en exigir que ese principio se respete y que se aplique de manera efectiva, y con todas sus consecuencias, cuando la ocasión lo requiera. Birmania, como otros casos ya mencionados, exigía y exige que pidamos a nuestros gobernantes que sean valientes y audaces y antepongan los derechos de las personas por encima de cualquier otra consideración. Como bien decía un buen amigo: “las personas son lo primero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este sentido, es imprescindible que Naciones Unidas tenga una base legal para que las intervenciones humanitarias se produzcan con rapidez y plenas garantías de seguridad. Ante una catástrofe humanitaria como la que nos ocupa no se puede permitir que un gobierno anteponga sus intereses sectarios a los generales de su maltrecha población. De nuevo nos topamos con el sacrosanto principio de no injerencia, cuya aplicación dogmática nos conduce, como hemos visto una y otra vez, a los dantescos escenarios que hemos visto reeditados en Birmania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy urgente acometer al menos dos reformas en el sistema de Naciones Unidas. Uno toca de lleno al Consejo de Seguridad. Es preciso eliminar el derecho al veto de los miembros permanentes y hacer más representativa la composición de ese órgano vital del sistema internacional. La otra reforma tiene relación con la creación de una Fuerza Internacional, que actuaría bajo la jurisdicción del Consejo y en representación de la Comunidad Internacional. El mismo hecho de la existencia de esa Fuerza, que estaría capacitada para actuar con rapidez y autoridad, sería una medida muy persuasiva para que los dictadores y genocidas se lo pensaran dos veces antes de cometer sus atrocidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sociedad civil tiene mucho trabajo que hacer en este sentido. Al mismo tiempo que debemos abrir más debates sobre el refinamiento de los mecanismos ya existentes y la creación de otros nuevos acordes a las necesidades de cada época, debemos exigir firme y pacíficamente que nuestros gobernantes se zafen de la parálisis de voluntad que les tiene encorsetados. El verdadero poder reside en la persona. El poder de la unidad de pensamiento y de acción de las personas es inmensamente mayor de lo que nos podemos imaginar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Farshad Arjomandi&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9172401782640070054-5796725763692697913?l=conodeaccion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://conodeaccion.blogspot.com/feeds/5796725763692697913/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9172401782640070054&amp;postID=5796725763692697913' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/5796725763692697913'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9172401782640070054/posts/default/5796725763692697913'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://conodeaccion.blogspot.com/2008/05/qu-est-pasando-en-birmania_29.html' title='¿Qué está pasando en Birmania?'/><author><name>FAR</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_u350PZWJDyw/SieolfZRm-I/AAAAAAAAACY/5QEetpvh8Js/S220/Foto_FAR6.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
